lunes, 15 de abril de 2013

LIGHT UP THE DARKNESS



El diario devenir nos ahorca de malas noticias, de violencia, nubarrones insondables de malas acciones de gente cotidiana, de gobernantes, de mareros, de curas, de males. La vida, en resumidas cuentas.

El título de esta columna es una frase de Bob Marley significa “Ilumina la oscuridad” y se me viene a la mente cuando me entero de casos como los de José, Samuel y sus papás, doña Ingrid y don Manuel.

Me enteré al leer la seguidilla de notas del periodista Hans Galindo de Nuestro Diario. Hablé con la protagonista en cuestión, junto a su esposo tienen tres hijos, uno de los cuales – Samuel – es de educación especial. Tiene 23 años y la edad mental de un niño de 12 meses.

Afrontar la situación, asumirla, vivirla, no ha sido fácil. Le han querido con todo y saben lo que ello conlleva. Se enteraron del caso de una abuela – Doña Marta – que cuidaba a su nieto José de casi 30 años y aproximadamente, 5 años de edad mental. Un niño grande, un gigante noble como el personaje “De ratones y hombres”, de John Steinbeck.

Doña Marta falleció dejando en la orfandad a José, quien no tiene padres. Los vecinos cuidaron por algunos días al muchacho quien vivía sólo en un cuarto, en condiciones precarias, con ratones corriendo entre sus pies y cucarachas nadando en la sopa. Preguntaba por su abuela y su ración de pastel a las seis de la tarde todos los días.

Algunos días después la pareja fueron a visitarle para dejarle alguna ayuda pero al ver la situación, me explica doña Ingrid, no pudieron dejarle allí tirado luego que varias instituciones rechazaron hacerse cargo del niño. Optaron por adoptarle, por la experiencia de tener un caso similar en casa y por no tener corazón de dejarle a su suerte.

Decisión dura porque significa el doble de cuidados, otra boca que alimentar más y un reajuste en el presupuesto familiar no contemplado. Doña Ingrid es muy específica que no lo hicieron por desatar lástima en el prójimo y lucrar con la caridad. Prefiere no dar sus datos. Pero si alguien quisiera apoyar, me envían un correo y con gusto les proporciono el número telefónico para que platiquen con ella.

Su esposo trabaja en ventas y ella es ama de casa. Ya José le llama mamá a ella, papá a don Manuel y tiene hermanos. Hasta una nueva abuela que le lleve alguna ración de pastel a las seis de la tarde. La sonrisa de José ilumina la oscuridad desde la zona 18. Al menos, lo hace conmigo.

2 comentarios:

Silvia Titus dijo...

Yo no vivo en Guate sino que en Holanda. Mandame un correo electrónico donde pueda comunicarme con Doña Ingrid. A ver en que puedo ayudar.

Juan Pablo Dardón dijo...

Saludos, con gusto Silvia.