martes, 16 de abril de 2013

LA BLASFEMIA GÓTICA


Me acordé de Julio Mendizábal el sábado. Él escribió una novela de rasgos urbanos delirantes publicada póstumamente por Magna Terra en 2005, el mismo año de su muerte.

Fue mi amigo. Trabajamos en la redacción de Siglo.21 cubriendo ambos la sección de cultura. Cuando me sumé al equipo ya estaba allí, famélico, blanco enfermizo, ojos tristes cafés, pelo castaño y alborotado, enfermizo. Nerd de nariz mocosa.

En verano o en invierno, siempre, siempre una camisa a cuadros, debajo de un raído suéter de casimir. Hola Julio, hola JP. Todos los días el saludo y a dividirnos la agenda. Escribía con manos frías, cálidas notas del mundo cultural.

La Blasfemia Gótica es su única novela. Un documento de una ciudad hosca, en las sombras, un paneo sobre la violencia psicológica de los que aquí vivimos. Tiene errores, tiene omisiones, brincos narrativos difíciles de pasar por alto, le falta desarrollo. Era una obra en construcción pero así fue publicada, con prisa.

A pesar de todo, nadie se ha metido al delirio urbano como lo hizo él. Fue un cometa oscuro en la constelación de talentos literarios emergentes. Pasó desapercibido, leyendo, escribiendo, planeando su texto, imaginando las terribles y asfixiantes situaciones que allí se describen. Nunca hay día en su narrativa, todo es noche cerrada.

Gran lector, tenía una cultura musical impecable; gracias a sus charlas conocí muchos grupos que aún escucho constantemente, bandas sonoras de una ciudad como la que vi el sábado, inamovible en su violencia.

En cada esquina hay banshees anunciando calamidades, ojos miran desde las alcantarillas, manos piden algo que nadie da nunca, el último aliento de los muertos forma una niebla naranja y cuando amanece, todo vuelve a las páginas de esa novela herida, casi terminada, un texto renegado dentro del borderline, el más outsider dentro de los proscritos. Eso, un cometa oscuro en un cielo nublado.

Me avisaron de su muerte, una terrible muerte. Ya no trabajábamos juntos, había dado un largo periplo por el periodismo cultural, luego trabajó en relaciones públicas y el brillante mundo empresarial no es lugar para un nictálope. Me avisaron un día en la mañana, antes del café, tenía 31 años.

Nadie sabe si fue accidental o fue su decisión. Primero asfixiado en su apartamento y luego el fuego, el terrible fuego que brinca de la estufa al cuarto. Una nota roja para un hombre oscuro. Así fue como Julio Mendizábal dejó este mundo bajo la nube misteriosa que siempre le acompañó. 

Ya no vio muchas cosas, y su novela sigue esperando lectores. Mi amigo Donnie Darko, perdedor.

3 comentarios:

edi g. dijo...

llegó tarde, golpeó igual la noticia, le recuerdo a Julio tal cual lo pintaste...

Juan Pablo Dardón dijo...

Saludos amigo.

Wilson Lopez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.