(LA FOTOGRAFIA QUE ILUSTRA EL PRESENTE TEXTO ES DE LA FOTOPERIODISTA SANDRA SEBASTIAN QUE TRABAJA PARA EL MEDIO DIGITAL PLAZA PÚBLICA, NO PEDI PERMISO NI TENGO LOS DERECHOS DE PUBLICACIÓN PERO ACÁ PUEDEN VER LA GALERÍA COMPLETA DE ESTA ARTISTA DE LA IMAGEN)
Con una doliente cruda de desvelo, como país subimos un escalón hacia otro nivel de política social, de justicia local e internacional, el
pasado viernes Día de la Madre, cuando se condenó y aceptó que existió
genocidio en Guatemala.
Tal fallo reventó en cohetería y en sendas campañas virales
en las redes sociales donde la gente se congratulaba que efectivamente
#síhubogenocidio, cuando tal sentencia a mí me dio más vergüenza que alegría,
ya que el tan actualmente popular concepto, es triste, es serio y requiere de
reconstrucción integral de parte de todos.
Aceptarlo es una responsabilidad que ojalá que los que
lanzan vítores al aire estén dispuestos a trabajar duro por la nación y no
quedarse en el panfleto, en la alegría de una condena como si tal sentencia,
fuera a devolver a los muertos. De igual manera que los ofendidos por el
dictamen entiendan que estos tiempos son otros y que hay escuchar al resto:
construir juntos, no sobre la opinión del paisano. (Para ejemplos, vean el hashtag #nohubogenocidio)
Que zampen al bote a un decrépito que meses o años le quedan
de vida, a mí no me interesa, ni me alegra. Si me alegrara, sería venganza y como
tal, la venganza, es un acto de rabia contra el otro, de desquite, de
retribución maliciosa ante un daño irreparable. En lo personal, a mí no me hizo
nada.
Los muertos están y la forma en que llegaron a tal condición
fue perniciosa, malévola y vergonzosa. Eso me ofende como guatemalteco y quiero justicia, no venganza como muchos se han volcado a manifestarse
ahora que Rios Montt está preso. Se honra más a los muertos en la creación de
vida, de trabajo y conciliación. Pero esto lo digo yo, un humilde trabajador
que nada sabe de protociencias sociales estancadas en la espiral descendente de
la lucha de clases.
Ir al fondo del asunto no se circunscribe a meter al bote a un ex jefe de
estado, es deconstruir la línea de mando y perseguir en casos particulares, los
abusos. Y esto aplica - muchachada que escucharon hablar del REMHI de alguien que
lo leyó hace 10 y años y se le contó a otro, quien se lo explicó a ustedes – a
ambos bandos, porque los abusos y violaciones también se dieron de parte de la
guerrilla que no vivían cantando Victor Jara, fumando habanos y alimentándose
hoja por hoja, de los libros de Rius.
Es cierto, fueron muchísimo menos, pero una muerte y abuso
del individuo es tan importante como la muerte de miles. Como dice el capítulo
cinco del Corán, “Si matas a un inocente, matas a toda la humanidad. Pero si
salvas a un inocente, es como si hubieras salvado las vidas de toda la
humanidad” (Precisamente por eso, don Efraín Ríos Montt, es que se le condenó:
por voltear la cara a otro lado frente al salvajismo).
Volviendo al tema de la sentencia de genocidio ¿qué
significa ello? No es la victoria de un bando, entiendan, es la aceptación de
un abuso sostenido que el poder legitimado ha ejercido sobre todo un país para
mantener un yugo de opresión y status quo, propio de colonizadores. Somos
testigos de ello día a día, a todo momento, los comentarios racistas en las
redes sociales dan cuenta de ello.
Y la contraparte, la ofensa de los intelectuales de turno que miran sobre el hombro a ese grupo, dándose golpes de pecho de moralina social, explican claramente que una vez haya división, el colonizador gana. De ofendidos, pasan a peones del juego. Este es el momento que nos hará como nación, tomemos el ejemplo de la Alemania de posguerra.
Y la contraparte, la ofensa de los intelectuales de turno que miran sobre el hombro a ese grupo, dándose golpes de pecho de moralina social, explican claramente que una vez haya división, el colonizador gana. De ofendidos, pasan a peones del juego. Este es el momento que nos hará como nación, tomemos el ejemplo de la Alemania de posguerra.
Pero Teutonia no se levantó solita, contó con la
ayuda de la comunidad internacional (claro, Aliados versus URSS, al inicio; el
mundo, luego de la caída del muro) que invirtió, aprovechó el talento, la
garra, la fuerza y el empuje de un país con ganas de salir adelante. Y hoy en
día encabezan la Unión Europea, son potencia en tecnología, maquinaria, intelectuales
y futbol (aun me duele uno a uno, los siete goles que le metió el Bayern cual fisting
a mi amado Barcelona en la Champions :´(
Ojalá Noruega y Suecia apoyen tanto ahora como lo hicieron
patrocinando el juicio, que llamen a sus empresas a invertir en un país donde
se respetan los derechos humanos, donde aceptan que se cometen errores y están
anuentes a enmendarlos, donde nadie está sobre la ley y se persigue y encarcela
a quienes atentan contra ello.
Ya puedo ver las sendas oficinas e industrias que abrirán
acá la Volvo, Ikea, Oriflame, o abriendo mi cuenta dentro de dos años en el
Swedbank, o cambiando mi iPhone por un Sony Ericcson. O mejor aun, a mí que me
gusta el mar, irme a trabajar a un astillero de la Ulstein Group donde
armaremos los barcos de la Royal Caribbean International. Y que los
miércoles de cumbia sean patrocinados, ya no por la Indita, sino por Absolut. Yo no sé ustedes pero a mí me hace mucha ilusión comerme un caviar
noruego untado en tamalito de chipilín acompañado de un copón Riedel de Zacapa
Centenario.
(Me preocupa, eso sí, que nuestras orgullosas etnias mayas vayan desapareciendo al mezclarse, digamos una mujer ixil con un un noruego rubio de ojos azules, o un fortachón quiché con una elfa sueca. Luego que tanto se ha hecho para preservar nuestra herencia maya y que estuvo a punto de ser borrada del mapa a punta de bala y bayoneta. Aunque en este caso dicho tema ya será patria del amor, las hormonas y la calentura, habría que meterle juicio a Cupido por atentar contra la identidad milenaria; sería triste, supongo, ver cómo la sabiduría ancestral de nuestro país se intercala en la cama con las mieles de la mitología nórdica. Ah no, no es xenofobia, no se confunda, es preservación de identidad. Aunque dicha terminología podría debatirse en la arena AAA de lucha libre, en duelo semiótico de relevos australianos de Hunapú e Ixblanqué contra Thor y Loki. Ya quiero ver el primer güipil marca Moods of Norway, esa hermosa marca de ropa noruega con los hermosos diseños de Chichi).
(Me preocupa, eso sí, que nuestras orgullosas etnias mayas vayan desapareciendo al mezclarse, digamos una mujer ixil con un un noruego rubio de ojos azules, o un fortachón quiché con una elfa sueca. Luego que tanto se ha hecho para preservar nuestra herencia maya y que estuvo a punto de ser borrada del mapa a punta de bala y bayoneta. Aunque en este caso dicho tema ya será patria del amor, las hormonas y la calentura, habría que meterle juicio a Cupido por atentar contra la identidad milenaria; sería triste, supongo, ver cómo la sabiduría ancestral de nuestro país se intercala en la cama con las mieles de la mitología nórdica. Ah no, no es xenofobia, no se confunda, es preservación de identidad. Aunque dicha terminología podría debatirse en la arena AAA de lucha libre, en duelo semiótico de relevos australianos de Hunapú e Ixblanqué contra Thor y Loki. Ya quiero ver el primer güipil marca Moods of Norway, esa hermosa marca de ropa noruega con los hermosos diseños de Chichi).
Así que bajo ese marco, los miedos del CACIF son falsos, ya que ahora somos una nación que será tomada como ejemplo del estado de derecho y que atraerá la inversión de cientos de empresas multinacionales cansadas de invertir en lugares como Bangladesh donde los edificios colapsan enterrando viva a la valiosa y barata mano de obra. No, ahora en Guatemala somos diferentes, se los prometo, un juzgado y las redes sociales lo confirman.
Hasta la embajada gringa que tanto apoyó al régimen militar
de turno, en la época de Reagan, ha buscado distanciarse de un caso donde sus
huellas digitales aparecen por todos lados. No quiera dios que Horatio Cain de
CSI Miami sea contratado por el MP porque capaz mete preso a los despojos de
don Ronald junto los de don Efra. Ya juntos, capaz se transforman en Mumrah y
allí si pisamos todos.
Como les dije, dentro de 20 años podemos estar como
Alemania: desarrollándose siempre o divididos por un muro de ideologías
decadentes donde nadie quiere pasar del otro lado. Ni entenderse mutuamente. No
sea coche, no contamine más el ambiente y trabaje por una breve nación con
ganas de superarse. O talvez no…



