miércoles 11 de enero de 2012
STEVENSON SE BATE A MUERTE CONTRA SALGARI
anoche mientras dormitaba encontré la razón del desasosiego
hay adentro de cada uno de nosotros, los que buscamos,
un vasto océano de aguas erectas o calmas según la raza
de los pensamientos
en la oscuridad de la madrugada pude escuchar las olas
reventar en mi pecho por la parte dentro, con tal furor
que sólo la sorpresa no me naufragó al sueño
por eso la sangre es salada y con sabor a metal
rescoldos del tesoro que alguien enterró
en las playas compactas de la carne que somos
un marinero
por eso la gente se marea a pesar de los pies en tierra
o cuando van al mar suspiran largo con nostalgia por un viaje
y sueñan con largas barcazas cortando olas como cuchillos
hiriendo venas o partiendo libros de tuertos y patipalos
roncas canciones de ebrios suenan a través del tiempo
y así echa a andar a diario ese posible marino
el que jamás sabrá tomar el camino entre almirante o pirata
el agua bajo los pies como único y vivo concreto que nos lleva
a los que buscamos,
a ver la ciudad al ser amado como un cofre para esconder o dilapidar
con el sol detrás y un perico que dicta el rumbo de la conciencia
en la taberna de mi corazón sobre barricas chamuscadas de roble
Robert Louis Stevenson se bate a muerte contra Emilio Salgari
en una ruleta rusa de ron
¿Otro ronda, caballeros?
Esta noche es para siempre y la banda toca
lunes 9 de enero de 2012
ADIOS MUNDO CRUEL
Y para celebrarlo este nuevo cambio de header por el máximo ilustrador de la línea simple pero concepto duro, André Gribble. El maese se lanza de nuevo a colaborar con este blog que tanto le admira con un tema acorde al final de los tiempos. Desde este espacio, las sinceras felicitaciones al callado genio detrás de su blog Ya callate André.
Así que, estimados amigos, hemos iniciado la recta final de la historia. Dice el mercadeo fatalista que este año se va todo a la chingada, una mala interpretación de las escrituras mayas y dos hits cinematográficos predispusieron al planeta a una histeria solapada y bromista sobre el fin de los tiempos. En el National Geographic hay documentales sobre el caso que sólo inflaman más la llama.
Podría entrar en una férrea defensa, lógica, sobre que no será el fin del mundo. Pero no, siempre me ha gustado la locura y me pela el huevo que todo se acabe. Es el órden natural de las cosas, es el eterno juego del caos y el cosmos. Fukuyama no estaba tan alejado de la verdad y ustedes tanto lío que le hicieron. En fin.
Y ya que nos empezamos a despedir de esta realidad maldita e injusta donde el comunismo falló en proveernos de Ferraris para todos y Bar Rafaelis para todos los hombres. Y para las mujeres... - hombres de buenos sentimientos, no necesariamente guapos, pero fieles y trabajadores - o si no se creen eso, escriban acá _______ su semental de elección.
Así, les decía que a título personal voy a hacer cosas que nunca pensé haría. Una de ellas fue adoptar una Schnauzer de mes y medio de vida y se llama Botoneta Escuintla Primera. Botoneta por inspiración de mi hijo, Escuintla por el cariño que le tengo a ese departamento de mi Guate y Primera, pues porque es mi primer mascota canina de toda la vida.
Así es, llegué a los 35 años sin tener perro. Según algunos sabios, yo era un hombre incompleto y ya veremos cómo me va con eso del amor perruno que tanto alaban millones a través de la historia. Que para serles sincero, yo siempre fui un hombre de gatos. Los felinos me cautivaron desde pequeño y me identifiqué más con esos animales que con los canes.
Son independientes, limpios, arrogantes, callados - menos en la brama, pero realmente, ¿quíén es callado en la brama? Ni ustedes ni yo, se los aseguro - comen poco y si tienen hambre, cazan. Alejan a los espantos y maullan bonito. De paso, es el animal literario por excelencia: misterioso, místico, poético.
Los perros, por lo contrario, siempre se me hicieron animales de la necesidad. Parias del cariño y resultantes de la lástima humana. Es decir, el origen del perro data del hombre cazador y de cómo los lobos viejos, inútiles o heridos, perseguían a las tribus nómadas alimentándose de sobras. Es decir, para Darwin, esos animales tuvieron que haber sucumbido de no haber sido por la incipiente humanidad, pero es un triunfo a la vida y a la sobrevivencia, si se mira por el otro lado.
Así que realmente, no me movía nada aquí adentro los chuchos, pero ahora con una cachorrita que me cabe en la mano. Tengo entendido que la fidelidad de estos animales superan las adversidades, de eso no te preocupes Torito González. Vamos mano, el camino es duro pero vos que también tenés al Cachuchas, seguro se hará más fácil. No es raro ver vagabundos con su fiel perro, así que si en tu camino en la búsqueda de la iluminación, terminás de chara, al menos tu schnauzer te hará huevos. Recordate lo que dije al inicio, este año todo se acaba. Ánimo, falta poco.
viernes 23 de diciembre de 2011
NAVIDAD SIN NADIE
Recuerdo bien la primer Nochebuena que pasé solo. Fue una cosa rara ya que el calor de la familia, que a pesar de sus manías sui generis, se extraña. Allí estaba yo tratando de dilucidar qué hacer esa noche porque mi casa no tenía árbol navideño, lucecitas, ni había comprado pirotecnia ni tenía teléfono, mi mejor amigo estaba en Europa y nadie me daría regalos. Ni yo los daría.
Había renunciado de mi mundo conocido para convertirme en escritor y estaba viviendo el sueño: mi casa estaba rebosante de libros, la tenía plagada desde de la sala, hasta el cuarto de visitas, de títulos y temas de todos lados del mundo y de los autores favoritos. Obviamente, el cuarto de huéspedes contenía los libros menos queridos por si alguien quería llevarse alguno, pues no me doliera tanto.
Que para un obseso del papel, perder un libro se equipara a que le quiten una uña con alicate. Mis vinos se abrazaban en la alacena y la refrigeradora tenía... nada. Estaba aprendiendo a vivir y eso de planificar contra la inanición, no se me daba del todo bien, he de confesarles.
Pues qué otra, a abrir una bolsa de frituras y a entrarle duro junto al vino, mientras encendía la tele y miraba cualquier cosa con tal de alejarme del bullicio de la calle. Podrán imaginarme displicente pero por dentro algo se me rompía inevitable: soy un tipo de costumbres y empecé a extrañar todo. Ver a mi padre quemando cohetes, mi hermano y yo afuera, mi madre sirviendo ponche y mi hermana desde el cuarto riendo la noche.
Y mientras caminaban las horas, más vaciaba yo la botella de Carmenere buscando valor, pero solamente encontraba razones para que se me aguaran los ojos. Tocaron a mi puerta y unos señores que vivían enfrente del megacondominio, me llevaron dos tamales, seis franceses y un termo de ponche frutas. Nunca nos habíamos hablado y me llegaron a dar la cena de Navidad. Les serví dos vasos de vino y yo otro para platicar un poco.
Ellos me dijeron que me buscaban porque a pesar que todos los del condominio decían que allí vivía un borracho drogadicto que tenía por casa, un altar de sacrificio de mujeres, me habían visto trepado en un techo salvando a una camada de gatitos que se había escapado. Además, que les recordaba a un hijo becado de ellos que seguro estaría solitario en España y en cierto modo, terapia de sustitución, obraban bien en mí. Yo sólo podía imaginar al hijo de la pareja medio a verga en Cibeles y me daba envidia.
Esos gatos que salvé eran los hijos de Sam, mi gata que le escribí un libro de poemas que pueden descargar aquí. Pues los condenados en su aburrimiento de vivir en mi casa, se salieron y no sé cómo le hicieron, pero llegaron al techo y maullaban los pobres en plena desesperación. Sam, ya llevaba tres días sin aparecer y empecé a sospechar que nunca lo haría. Así fue.
Ese día que se refería la pareja, andaba yo medio socado, medio desnudo y a media noche, regresando gatos a mi casa para que no les dieran bocado de tanta jodedera que estaban armando en el techo de la cuadra. Lo que no entiendo es cómo los señores que vivían frente a mí me habían visto en tal misión de salvataje donde arriesgaba mi vida al caer desde las alturas y morir de un cráneo partido o de borracho.
Pues me dijeron que habían oído a los cachorros maullando en la temprana noche y esperaron a que yo llegara para hacérmelo ver. Pero como parqueé el carro a medio jardín, me bajé como pude y entré trastrabeando por una puerta... pensaron que no estaría en condiciones de no hacer nada. Su sorpresa fue verme a los tres minutos en calzoncillo y tenis corriendo gatos por el techo. Ellos se rieron mucho, me confesaron.
A la hora se fueron y me invitaron a comer a su casa y les dije que iría. Pero no fue así, abrí otra botella de vino y la Navidad me encontró escribiendo el inicio de mi primera novela. De eso, hace diez años.
Había renunciado de mi mundo conocido para convertirme en escritor y estaba viviendo el sueño: mi casa estaba rebosante de libros, la tenía plagada desde de la sala, hasta el cuarto de visitas, de títulos y temas de todos lados del mundo y de los autores favoritos. Obviamente, el cuarto de huéspedes contenía los libros menos queridos por si alguien quería llevarse alguno, pues no me doliera tanto.
Que para un obseso del papel, perder un libro se equipara a que le quiten una uña con alicate. Mis vinos se abrazaban en la alacena y la refrigeradora tenía... nada. Estaba aprendiendo a vivir y eso de planificar contra la inanición, no se me daba del todo bien, he de confesarles.
Pues qué otra, a abrir una bolsa de frituras y a entrarle duro junto al vino, mientras encendía la tele y miraba cualquier cosa con tal de alejarme del bullicio de la calle. Podrán imaginarme displicente pero por dentro algo se me rompía inevitable: soy un tipo de costumbres y empecé a extrañar todo. Ver a mi padre quemando cohetes, mi hermano y yo afuera, mi madre sirviendo ponche y mi hermana desde el cuarto riendo la noche.
Y mientras caminaban las horas, más vaciaba yo la botella de Carmenere buscando valor, pero solamente encontraba razones para que se me aguaran los ojos. Tocaron a mi puerta y unos señores que vivían enfrente del megacondominio, me llevaron dos tamales, seis franceses y un termo de ponche frutas. Nunca nos habíamos hablado y me llegaron a dar la cena de Navidad. Les serví dos vasos de vino y yo otro para platicar un poco.
Ellos me dijeron que me buscaban porque a pesar que todos los del condominio decían que allí vivía un borracho drogadicto que tenía por casa, un altar de sacrificio de mujeres, me habían visto trepado en un techo salvando a una camada de gatitos que se había escapado. Además, que les recordaba a un hijo becado de ellos que seguro estaría solitario en España y en cierto modo, terapia de sustitución, obraban bien en mí. Yo sólo podía imaginar al hijo de la pareja medio a verga en Cibeles y me daba envidia.
Esos gatos que salvé eran los hijos de Sam, mi gata que le escribí un libro de poemas que pueden descargar aquí. Pues los condenados en su aburrimiento de vivir en mi casa, se salieron y no sé cómo le hicieron, pero llegaron al techo y maullaban los pobres en plena desesperación. Sam, ya llevaba tres días sin aparecer y empecé a sospechar que nunca lo haría. Así fue.
Ese día que se refería la pareja, andaba yo medio socado, medio desnudo y a media noche, regresando gatos a mi casa para que no les dieran bocado de tanta jodedera que estaban armando en el techo de la cuadra. Lo que no entiendo es cómo los señores que vivían frente a mí me habían visto en tal misión de salvataje donde arriesgaba mi vida al caer desde las alturas y morir de un cráneo partido o de borracho.
Pues me dijeron que habían oído a los cachorros maullando en la temprana noche y esperaron a que yo llegara para hacérmelo ver. Pero como parqueé el carro a medio jardín, me bajé como pude y entré trastrabeando por una puerta... pensaron que no estaría en condiciones de no hacer nada. Su sorpresa fue verme a los tres minutos en calzoncillo y tenis corriendo gatos por el techo. Ellos se rieron mucho, me confesaron.
A la hora se fueron y me invitaron a comer a su casa y les dije que iría. Pero no fue así, abrí otra botella de vino y la Navidad me encontró escribiendo el inicio de mi primera novela. De eso, hace diez años.
domingo 4 de diciembre de 2011
ANTI MANIFIESTO
Creo (y no estoy seguro de eso) que deberían de existir antimanifestantes, que no son otra cosa que aquellos que se pronuncian por causas contrarias. Ser la antimateria social, que tanto trabajo da a los astrofísicos en materia de electrones y positrones. Esta clase no, tendría que ser de generación inmediata a los sucesos mundanos.
Ejemplifico, al mismo tiempo que un piquete sale pancarta en mano exigiendo que bajen los impuestos, justo enfrente de ellos se aposta otro pidiendo que los suban más, que haya reforma fiscal, que el estado se quede con todo nuestro dinero y se lo robe porque están en su derecho. Protestan unos en contra de la corrupción, y los corruptos protestan porque los dejen ejercer su natural y divina disposición al hurto.
Así como hay procesiones católicas en Semana Santa, debería decretarse que todos los satánicos, brujos, brujas y fanáticos de futbol, tengan su jubileo para el 31 de octubre, digamos, y que dure las festividades de la buena y mala muerte, los primeros días de noviembre. Total, ambas celebraciones tratan de lo mismo, como dije, la muerte.
Podrían sacar, por ejemplo, en hombros imágenes talladas en madera de Belcebú, Baal, Damián, Satán, Lucifer y todos los nombres como se le conozca al chamuco crucificado boca abajo, y una risueña Amy Winehouse detrás, botella en mano y jeringuilla colgada del brazo. Mientras les acompaña, en lugar de banda fúnebre como se acostumbra con las procesiones, una banda de death metal y en vez de cucuruchos, rockeros playeras negras de pelo grasiento sobre la cara.
Eso es pluriculturalidad y lo demás son pajas. Requisito indispensable antes de cargar en hombros el anda, demostrar fehacientemente que se encuentra en estado de completa ebriedad, capacidad para el desnudo inmediato y la manifestación de la fe por medio de excreciones físicas públicas.
Asimismo, con el comercio. Es decir, si hay Black Friday, como se le conoce al viernes posterior a Día de Gracias donde hay rabajas hasta del 90% en ropa, juguetes, comida, debería de existir el White Friday donde usted se vea obligado a comprar todo con precios inflados. Más inflados, claro. “El día de las rebajas”, complementado con “El día de la metida de verga a la billetera”.
Si existe el “día del banquero”, que exista el “día del buen vecino”. En eso, los musulmanes nos llevan ventaja con su Ramadán. Bueno, y los más engasados, con su capacidad de volarse en medio de muchedumbres.
Así como se celebra la resurrección de Cristo, debe celebrarse la muerte de Michael Jackson. Así como existe el día de prevención del Sida, debería de existir la campaña de “coja sin condongo”. El día de la no violencia contra la mujer debería ser contrapuesto con el día de... la no violencia contra el hombre (ajá... se la creyeron que iba a proponer el día de "verguee a la mujer", ¿verdad? Pero no, no voy a caer en el juego para darles motivos a que me zampen comentarios feminazis, ya me aburrieron con eso.)
Si existe el día del padre, que se celebre el “día del valeverguista”. Se celebra el día de la madre, también el de “la puta madre”. De esa forma la igualdad de condiciones nos hace una verdadera democracia, donde todos tienen cabida. ¿Estoy o no en lo cierto?
El día del cariño, por el “día del odio”. El día del orgullo gay, por el “día de me averguezo de ser hueco”. El día del periodista, por el día del periodista... ese oficio es un degenere entre el bien y el mal, son los Carontes de la sociedad, al igual que los abogados. Coyotes de la misma paloma, almas sin descanso. Así como existe el Cielo debe de existir un Infierno, eso lo dice la Biblia de los cristianos, y el Necronomicón, de los lovecraftianos y El Libro de los Muertos, de los egipcios. Los periodistas son cínicos y son correctos. En lugar del día del escritor, que no existe, por el día del que siempre dice la verdad.
Menos escritores, más intelectuales del tuiter. Por cada mujer en casa otra también en casa, pero de putas. Por cada hombre violento, otro marihuano. Adiós curas y bienvenidos libertinos. Por cada banda de rock de adolescentes que nace, que se forme otra de ancianos hasta la muerte. Por cada fallecimiento, un orgasmo para todos.
En organizaciones, por ejemplo la Organización de Naciones Unidas, debería de existir su Némesis conocida como la Desorganización de las Naciones Hundidas; entidad que vela por que los países se peleen entre ellos y exista desigualdad económica. Bueno, de hecho ya existe. Esa organización se le conoce como Estados Unidos de América, que a la vez comulga de maravilla con las religiones. Es decir, el futuro de la DNH, es la unión de los políticos gringos con los dirigentes religiosos del planeta.
Y así, tenemos al Buda, pero también a Chuck Norris. Realmente el taoismo no está tan alejado de la verdad al decir que el mundo es un balance de fuerza que vive peleando eternamente entre ellas sin nunca vencer alguna. Así que me siento mal (y me alegra al mismo tiempo) en decirles a todos ustedes que se dedican a erradicar problemas que su lucha es vacua, inerte. Sociólogos, estudiaron por gusto. Antropólogos, mátense unos a otros. Cronistas, lo contaron todo en vano. El Ché siempre fue una playera, y cualquier playera negra es el Ché.
Por más que logren tapar un agujero de este lado, siempre se abrirá otro más allá. Es la ley natural, son las reglas que rigen al cosmos y al caos al mismo tiempo. Los pueblos indígenas tienen su celebración, asimismo, los herederos de aquellos peninsulares que a fuerza de espada y cruz sometieron estos territorios, deberían de celebrar su día de conquista. Si ya tienen universidad, cerca están…
Así como los humanos se alimentan de animales, deberían de alimentar a los animales de granjas con humanos. Con los presos, con los violadores, con los corruptos, con los niños que no se comen el brócoli. Manifiéstese a favor de la hambruna, pida que se distribuyan Hummers a todo el mundo y así acelerar el calentamiento global. Exija leyes a favor de las farmacéuticas. Tale árboles y extraiga oro, construya hidroeléctricas, que se mueran los idiomas del mundo.
Que se mueran los feos, o mejor aun, matemos a los guapos para hacer un mundo uniformemente espantoso. Que por cada cohete lanzado al espacio, se lance una bomba atómica a los pobres que tanto joden el mundo de los ricos, y cuando se acaben, a ver quién les limpia la caca.
Coman chucho, o pidan que se estatice el veganismo. Cada revolución tiene su fuego y toda contrarrevolución, el hielo. Escuche reggaeton y agarre a batazos a un muco. Salga a la calle protestando porqué no se apoya el arte en este país, seguramente alguien saldrá a decir que gracias a los militares hay democracia y no por los poetas.
A este poeta en particular le pela el huevo la democracia, le vale lo que esos protectores de asesinos piensen. Un coronel, estoy seguro, esconde a Vallejo en su mochila. Ya no luche, no pelee. Todo está perdido, pero al mismo tiempo, aférrese con uñas y dientes, que no se le apague la llama; ínflela, de la mejor pelea de su vida, que malo que bueno, vale le pena rescatar a este planeta. Y destruirlo.
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