jueves, 6 de agosto de 2020

ROBERTO BARREDA NO ESTÁ MUERTO

FOTO ARCHIVO PRENSA LIBRE


Hoy trascendió la noticia del deceso del oscuro personaje que se hiciera famoso por haber asesinado a su esposa Cristina Siekavizza, robarse a sus hijos, desaparecer, cambiarse la identidad, ser capturado y esperar juicio por la muerte de su cónyuge.

 

Murió inocente. Es decir, no fue vencido en juicio. En un país donde la justicia tiene paso de caracol, no alcanzó a condenar a Roberto Barreda por el espantoso crimen que se le atribuye.

 

¿Que él la mató? Todo apunta a que sí. El veredicto de la sociedad lo condenó al ir conociendo los intersticios del caso, era obvio, claro y macabro. La alevosía, la ventaja, la saña con que la escena del crimen estaba - y no estaba - disponible.

 

Es decir, la escena fue limpiada y arreglada para parecer cualquier cosa, menos un asesinato. Las investigaciones fueron dando cuenta de la manipulación del caso de parte de la familia Barreda, con fuertes conexiones enquistadas en el sistema judicial de Guatemala.

 

¿Que si era inocente? Creo que únicamente la familia Barreda lo creía así. Todos ellos, los Barreda de León y compinches, manipularon un sistema apalancándose del músculo político y legal, conocían los puntos ciegos del sistema judicial para usarlo a su favor. Tenían contactos en varias instituciones que le dieron el "mejor" servicio para que el desalmado criminal Roberto Barreda, pudiera escapar con una nueva identidad.

 

La pandemia Covid19 pegó duro en todo el mundo. Guatemala, esa frágil embarcación, no fue la excepción. El sistema de salud pública se ha ido cayendo en cámara lenta y la enfermedad se hizo espacio en el sistema penitenciario, donde contagió a varios acusados de diferentes delitos, que esperaban en presión preventiva, el inicio de su juicio.

 

Barreda era uno de ellos y terminó en el hospital nacional San Juan de Dios. Historia corta: se murió por complicaciones. Más allá de las teorías conspirativas de que esta es otra de sus tretas para huir de la justicia (sin embargo, el Inacif debe de dar cuenta de la veracidad del caso), la muerte de Roberto Barreda es una tragedia. 

 

Repito: la muerte de Roberto Barreda es una tragedia. No por él, si no por lo que representa: un sistema de justicia laxo, cooptado por poderes oscuros que se benefician de lo roto de la sociedad guatemalteca.

 

El caso fue marcado a sangre por una serie de personajes que lo hicieron posible: agentes de la PNC, investigadores del MP, jueces, abogados de mierda, investigadores privados, testigos abandonados a su suerte, presiones de parte de la madre de Barreda - expresidenta del Organismo Judicial -, funcionarios sucios del Renap que facilitaron nuevas identidades a Roberto Barreda y sus hijos.

 

El fantasma de Barreda se mantendrá como una presencia incorpórea y fétida sobre el Organismo Judicial para siempre. Lastimosamente no hubo justicia para Cristina, para sus hijos, para sus padres y hermanos. A ellos, les mando mi solidaridad y cariño.

 

Roberto Barreda no está muerto. Vive en el sistema judicial de Guatemala como un fantasma burlón. Guatemaltecos, es momento de exorcizar de una vez y para siempre a las instituciones que procuran seguridad y justicia para nosotros. Hay que sacar a esos y esas hijueputas enquistados en los tres poderes, que son los que deben de asegurarnos un Estado de Derecho a todos, y no privilegios a pocos.

 

Se lo debemos a Cristina, a sus hijos, a su familia, a las miles de mujeres asesinadas cada año, se lo debemos a nuestras hijas, a nuestras madres, a nuestras hermanas, a nosotros. Matemos lo que Roberto Barreda representa.

viernes, 12 de junio de 2020

LA PIRA PERPETUA o #PerhapsYouNeedALOTofGuatemala

Foto tomada de pahbarcelona.org

Unas breves reflexiones sobre el fuego que nos devora como país.

Ver un hombre en llamas es la cosa más desagradable que se pueda presenciar. En mis días de periodismo, me tocó a veces ver linchamientos a través de las imágenes que los amigos fotoperiodistas traían a la redacción. Nunca he podido, ni podré, creo, terminar de ver ese tipo de material. No le encuentro el gusto. No tengo el morbo ni el estómago para tanto y tan significativa expresión de maldad humana.

Con el devenir de las redes sociales y el auge de la mensajería instantánea, a uno le envían videos de todo tipo: sexuales, políticos, campañas negras, y los peores, asesinatos y linchamientos. El más reciente, la inmolación de Domingo Choc, herbolario y tenente de la tradición yerbera maya. Él era la principal fuente de información e investigación de campo para un trabajo antropológico que se llevaba a cabo con la Universidad de Zurich, la University College de Londres y la Universidad del Valle de Guatemala.

Gracias a su trabajo, se lograría tender hilos al pasado de la milenaria cultura Maya que tanto orgullo trae a los guatemaltecos. Un orgullo turístico, claro, porque entender las raíces de la misma significa romper esquemas aprendidos en la comodidad de la educación tradicional occidental y una afrenta a los valores judeocristianos con los que la mayoría nos hemos criado. A los guatemaltecos citadinos en una gran mayoría, nos gusta la postal indígena con todo lo que eso significa, pero nos vale verga sobre cómo viven. Sí, a usted también, no se haga el loco.

A Domingo Choc le prendieron fuego. Caminó lentamente algunos metros y las llamas se elevaron tres cuerpos. Caminaba despacio en un manto de fuego naranja que lo envolvía completo. No puedo creerlo. Me niego a creerlo y quisiera dejar de ver lo que ví. Murió rostizado.

La masa adusta toma una decisión irrevocable y las consecuencias son nefastas. Esa primera lectura del caso, hace ver a las comunidades como una horda de bárbaros idiotizada por el paroxismo de la muerte y la intolerancia. Pero, ¿qué pasó en realidad? La respuesta nunca la obtendremos por más que busquemos. El Ministerio Público dirá una cosa – si es que se llega a una conclusión – pero alguien lo desmentirá, siempre habrá inconformidad en estos casos. Y se entiende.

Las hordas se congracian en ejercer “justicia” por su propia mano en una reflexión bastante primitiva: mejor otro que yo. Es mejor señalar que ser señalado. Es mejor tirar la piedra a que le caiga a uno. Las distopías en al arte dan cuenta de ello, cientos de libros y películas se han realizado donde nos damos cuenta que el destino del individuo está atado al miedo de la comunidad. La misma Historia nos da ejemplos trágicos del caso. Mad Max no es un futuro posible. Es el hoy.

¿Por qué mataron a Choc? ¿Intolerancia religiosa? ¿Racismo? ¿Venganza? ¿Una lección macabra? Esas preguntas, insisto, no tendrán respuesta porque en cierto modo es un coctel nefasto con un poco de cada ingrediente. Sucede que el barbarismo existe en la parte de atrás de la postal bucólica a la que estamos acostumbrados. El hashtag #PerhapsYouNeedaLittleGuatemala debería de cambiar a #PerhapsYouNeedALOTofGuatemala.

Las declaraciones de uno de los cuatro capturados por tan horrendo crimen, volcaron una tanda de comentarios en redes sociales como los siguientes (por respeto a ustedes, corregí ortografía):

-       “Ya vieron que no es racismo, es venganza”.
-       “Si lo mataron fue por venganza porque él brujo (Choc) mató al papá del otro brujo”.
-       “Entre ellos mismos se matan”.
-       “Los del interior son salvajes”.
-       “Ustedes viendo gatos aparejados, fue un crimen normal”.
-       “Los cristianos no tenemos nada que ver en esto, es cosa de indios y no de racismo”.

Y así cientos de comentarios que ustedes pueden ver con sus propios ojos en las noticias del caso en redes sociales.

#PerhapsYouNeedALOTofGuatemala

Es la verdad. Para empezar a entender a este país debemos todos sumergirnos en aguas incómodas y desconocidas: conocer al otro que es vernos en un espejo no siempre agradable. La ciudad de Guatemala se precia de ser la más moderna de la región, busca la occidentalización a como dé lugar.

El tráfico del día a día nos muestra un ejemplo claro: andar en auto propio es sinónimo de estatus. Que el lumpen se las arregle como pueda en los trastos viejos del transporte colectivo. 

Ese paradigma aspiracional es un ejemplo de una de las razones por las cuales ponerse a pensar en un sistema de transporte colectivo, denota pobreza, y acá no somos pobres, somos millonarios en potencia. El pobre es pobre porque quiere.

Acá se reniega de la identidad y la herencia indígena. Un apellido maya, los rasgos indígenas o negros, son motivos de vergüenza y un gran “hándicap” en el crecimiento dentro del sistema de castas al que nos acostumbraron. No es un sistema capitalista - ojalá lo fuera -, repito, es un sistema de castas con conexión a Internet 4G. 

Acá se permite al buen indio, al sumiso, al obediente, al que recibe pija a cambio de dádivas, pero tiene un tope. Por más que busque llegar a la cima de la pirámide, no podrá subir. Nunca. Por ejemplo, para el aporte del PIB de Guatemala que hacen los negocios de la agroindustria, nunca he visto a un apellido “natural” (vaya palabrita) sentado en la junta directiva, ni muchos menos dirigiendo, al CACIF. Si me equivoco, corríjanme.

Los grandes negocios son para los hombres blancos, no para el bruto pata rajada.

Nos preciamos de vivir en una sociedad libre que debería ser meritocrática. Nada más alejado de la realidad. Acá el mérito vale poco, o casi nada. Acá un conecte o una llamada pesa más que un doctorado en cualquier cosa. Para más ejemplo, el caso de la élite política cundida de compadrazgo, nepotismo y ventajismo.

El sistema económico – político – cultural de Guatemala castiga a las ideas, a la innovación y premia la sumisión, a la lambisconería y a los defensores oficiosos del establishment. El sistema ama a los facinerosos del poder. Y el poder es una herencia colonial de élite.

Este tipo de sistema funciona para sí mismo, para su rosca, para su propio círculo. Históricamente se ha hecho leyes a la medida que beneficia a los que le rinden pleitesía, leyes que se hacen calcadas a las necesidades comerciales de coyuntura. El sistema funciona para sí mismo y procura su bienestar. Por eso el Estado está concentrado en la ciudad capital de Guatemala y se olvida del resto de los 21 departamentos.

Que salgan como puedan. 

¿Qué llega a las comunidades olvidadas por el Estado de Guatemala? Se los digo claro y pelado: la Biblia y el Narco. No están ligadas entre sí – regularmente – aunque pueden tener relaciones simbióticas como el caso de aquel narcopastor Juan Alberto Ortiz alias Chamalé. La misión evangelizadora del cristianismo fue la razón por la cual se impuso al imperio romano desde hace dos mil años y sigue vigente su core business llegando a los rincones más olvidados del planeta.

Y como todo, el evangelio es un arma poderosa dependiendo de quien lo diga. Hay curas buenos y curas malos, hay pastores buenos y pastores malos. El evangelio no es el problema, es la persona que lo lleva. El problema es la educación: saber discernir las escrituras y no usarlas de herramienta de odio. No son pocas las historias de comunidades prendiéndole fuego a imágenes católicas con cientos de años de antigüedad, resultando en una sensible pérdida de patrimonio cultural. No se diferencian en nada de aquellos talibanes dinamitando los Budas gigantes de Afganistán. Ignorancia pura y dura.

La genética delincuencial del narcotráfico le hace buscar aquellos rincones olvidados por el Estado de un país. Ya se imaginan que en Guatemala se sienten muy a gusto. Al narcotráfico no le conviene la presencia del Estado en los rincones abandonados del país, donde armados de un hiperdesarrollado músculo en efectivo, compran comunidades enteras para que sirvan a ellos, total, a nadie les importa. Hacen la obra que le corresponde a los autoridades. Y sí, además de dinero, llevan armas y miedo.

Generan trabajo, salud y educación que les sirve a ellos para construir una identidad sui generis, una narcoidentidad donde cualquier atisbo de Estado, es rechazado. No son pocas las noticias que se generan donde comunidades enteras protegen a los narcovuelos, evitando que las autoridades lleguen a la escena del crimen. Si no los protegen pierden beneficios y la pierden la vida.

¿Qué pasa cuando una comunidad se opone? ¿Cuándo un finquero se resiste a entregar sus tierras para que sirvan como destino de vuelos clandestinos? ¿Qué sucede cuando empieza a existir presencia del Estado en la región? Bueno, es momento de mandar un mensaje sobre quien manda. De allí aquella masacre de decapitados con sierra eléctrica en Petén, asesinatos de guarda recursos, la resistencia a la presencia de proyectos de desarrollo.

Ese tipo de noticias luego aparecen en la “moderna” y “democrática” ciudad Capital para horror de los ciudadanos. Y empiezan a aparecer nuevamente los comentarios anteriormente descritos: “Los indios no saben vivir”, “Son unos salvajes”.

Por eso, en este contexto, pregunto ¿de verdad les parece rara la reacción de una comunidad frente al trabajo de Domingo Choc? No debería de dejarnos impasibles y contentos con la superficial conclusión que su asesinato fue una simple venganza. Esto ha sucedido y seguirá sucediendo mientras no hagamos algo para cambiar el sistema corrupto en el que nos encontramos, es un fuego que nos consume lenta e irrevocablemente. La corrupción histórica es una pira en la que todos ardemos. Hay que apagarla.

Debería horrorizarnos que el Estado de Guatemala tenga abandonados a su suerte a nuestros conciudadanos. Que el sistema en el que vivimos y nos desarrollamos es injusto con sus propios habitantes y que favorece a aquellos que tienen el poder de comprarse la justicia y beneficios. Que su origen colonial y pro criollo nos ha enseñado a sentir empatía por los problemas de los de “tez noble”, frente a las necesidades de los de “tez humilde”.

Que los Derechos Humanos deben de ser iguales para todos: salud, educación y seguridad. Que Guatemala está urgida de que sea conocida por sus propios habitantes para que se pueda sanar de adentro hacia afuera. Y esto no es comunismo, ni socialismo ni nada que se le parezca: es entender que la única manera de salir adelante es propiciando oportunidades justas para los guatemaltecos. Estoy convencido, como empresario, como hombre, como artista, que el camino es ese: desarrollo y oportunidades de trabajo para todos.

La muerte de Domingo Choc es una de miles bajo las mismas condiciones: el abandono histórico. Y esas muertes siempre quedarán impunes a pesar que se haga “justicia”.

viernes, 27 de marzo de 2020

MAGNUM 44



Hace 44 años me dispararon a la vida. Nací. Según el promedio de expectativa de vida de mi país (73 años, 3 meses), ya he vivido el 60% de mi tiempo en este planeta. Para los más jóvenes, esto significa que me queda 40% de batería en el celular.

Vine al mundo en el día internacional del teatro. Acaso de allí mi amor a las artes, mi sino atado a la tragicomedia. No lo sé, entre más viejo menos conoce uno del mundo y de la vida, por más que leo, investigo y pienso, nada me llena. Uno nace vacío y pasa el resto de su vida tratando de llenarse, sin éxito.

Cumplo 44 años en medio de una pandemia, a medio verano. No estoy para celebraciones, no se puede. El ritmo del mundo moderno ha desacelerado y no hay mal que por bien no venga, hay incertidumbre, sí, pero prevaleceremos. La calidad del aire ha mejorado, a las cinco de la tarde – hora pico – se escucha lo que habíamos olvidado: trinos de aves y luego silencio. Hermoso y bendito silencio.

Vemos más al cielo, al menos yo lo hago, y empecé a cuidar el jardín y un pequeño huerto en el fondo del mismo. Ha de ser cosas de la edad. Salir a regar y ver a la breve vida de los insectos acontecer, ajenos a nuestras preocupaciones. Al dolor y al hambre y a la muerte y a la danza política y el que vamos a comer mañana y a los intereses sectarios. El antropocentrismo nos ciega.

Cumplir años en medio de una pandemia nos toca a muchos, pero siempre ha sido así. La humanidad brinca de crisis en crisis, no es nuevo y acá seguimos. Los individuos perecen, la manada, continua. El determinismo – vaya – parece ser otra cosa de la edad.

¿Qué haré hoy? ¿Qué haré el resto de mi tiempo? No sé. Estar abierto al amor, recibirlo y darlo a manos llenas. Gozar esos detalles que nos construyen la cotidianidad, la esperanza, el cambio, siempre el cambio como pendón, la libertad que supone estar vivo.

En la mañana me levanté, hice yoga y fui a preparar el desayuno. Tenía antojo de un omelette, y empecé a tomar los ingredientes, huevos, hongos, gouda, jamón curado y cuando llegué a las papas, agarré una que había empezado a germinar. Vaya señal.

Fui a mi huerto y amorosamente la planté, hay que pensar en el futuro. La vida es corta y muy frágil.



miércoles, 5 de febrero de 2020

VEO A MI CUERPO


(Tres estudios para autorretrato, Francis Bacon. Pintado en 1976, año de mi nacimiento.) 

Veo mi cuerpo hacer sus cosas
Camina errabundo pensando que sabe lo que hace
Se baña y soba su largura agradecido que no tiene dolores
Piensa qué oscuras y mudas enfermedades conspiran en sus cavernas
Allí va mi cuerpo que no aprende
La costumbre
Lo veo hacer el amor y ser feliz
Tomar un vaso de licor y huirse
Veo mi cuerpo montando una moto pensando en la velocidad
Y en una caída y la muerte
O el dolor de estar roto
Veo mi cuerpo conmovido de belleza
Estremecido y en templanza
Veo a mi cuerpo que lee
Busca mapas en las hojas hacia lugares que nunca irá
Lo veo hacer sus planes y jugar a la felicidad
Veo a mi cuerpo pensando que el tiempo se la ha ido
Que las modas pasaron sobre él
Nubes cambiantes que nunca entendió
Veo a mi cuerpo abrir los sobres de las deudas
Y se organiza y planifica y saca estados de cuenta
Hace números para fin de mes
Hace números para el fin de la vida
Veo a mi cuerpo que baja la vista hacia la tierra donde será enterrado
Trata de sentir su cuerpo cultivado de gusanos
La quijada que irá desprendiendo
Con el sexo muerto
Sin deseo
Sin canto de aves que le avisan de la mañana
Sin canto de aves que le avisan de la tarde
Veo a mi cuerpo envejecer, empujando al tiempo
Tanta filosofía para nada
Tanto libro que no servirá una vez se apague
Veo a mi cuerpo entender a los faraones
Y quiere construir una pirámide o dos
Pero no tiene esclavos ni súbditos
Sólo se tiene él y un rompecabezas en la lengua
Una lengua quebrada
Veo a mi cuerpo que escribe, diseña ciudadelas
Para que nonatos arqueólogos acaso lo encuentren y sepan de su bajeza
Veo a mi cuerpo que se ve a sí mismo y no ve nada
Ve a otros
Toma sus pastillas para buscar claridad entre la niebla
Y se despeja y sale el sol y veo a mi cuerpo salir a tenderse desnudo al día
Veo a mi cuerpo dejar un vicio y tomar otro
Son sus ramas en la vida, es su camino porque no hay suelo
Ir brincando
Veo a mi cuerpo ver a nuestro hijo
Verse en ese hombre niño perdido
Retroceder el tiempo a cuando lo fue él
Un hombre niño confuso y aturdido
Veo a mi cuerpo recordar esos años en que esquivaba
A fobos y deimos que iban como una balanza peleando su cordura
Veo a mi cuerpo en una playa
En una montaña trepado
Nadando ríos en la selva
Caminando calles ordenadas buscando y buscando
Con libros inservibles bajo el brazo
La boca pegada a una botella, a miles de bocas
Que decían su nombre como se nombra una sombra
Veo a mi cuerpo regar su jardín de la casa
Esperar a los colibríes de la tarde que vienen por la merienda
Veo a mi cuerpo alegrarse por esos detalles
El vino, la cena de salchicha frita y salmón en una tostada
La noche dentro de un te
La mujer amada
Veo a mi cuerpo verla como ha visto todo
Todo lo que ha vivido
Algo para recordar cuando el final llegue
Y la memoria no regrese
A mi cuerpo que ya no es.