martes, 6 de junio de 2017

EL DISCURSO DEL REY THÉODEN



He tenido desde niño gran fascinación por la vida de caballería. El mito del rey Arturo me cautivó desde pequeño, esa leyenda de las andanzas de su padre Uther Pendragon, Merlin, Morgana y la traición a Arturo de parte de Lancelot con Ginebra.

Recuerdo leer las correrías del Cid Campeador y su heroísmo en las guerras moriscas, recuerdo las caricaturas del Pequeño Cid. El Quijote me abrió los ojos a la tristeza y a lo patético del mundo y sus héroes. Los cosacos, la literatura de Gogol, me trajo el gusto por cabalgar la estepa.

Dominar un caballo es el triunfo del hombre sobre la bestia y dominar la guerra sobre un batallón de caballería es dominar al hombre con la bestia. Es el triunfo del acero en una mano, y la rienda de cuero sobre otra. Así se erigieron todos los grandes imperios, todos.

Todo esto terminó en la Primera Guerra Mundial con la ametralladora.

Antes de la batalla, siempre hay un discurso para llenar de coraje lo que el instinto de conservación primario ordena: huir. Esos llamados al coraje lo hacen los reyes (los de a caballo, no las efigies modernas de las casas españolas e inglesas) y los grandes generales. En el Señor de los Anillos, hay uno que me eriza.

Es tan potente que se puede traducir como un poema muy a los que traducía a diario Constantino Kavafis y su amor por la literatura griega clásica harta de dioses del Olimpo. Así que acá les comparto mi traducción libre del discurso en forma de poema. Demás está decir, que lo seguiría al rey en batalla.


EL DISCURSO DEL REY THÉODEN
(J.R.R. Tolkien / Traducción por J.P. Dardón)

Adelante
Y no teman a la oscuridad
Levántense
Levántense jinetes de Théoden

Las espadas temblarán
Los escudos se astillarán
Este es un día de espadas
Un día rojo
¡Antes que salga el sol!

¡Cabalguen ahora!
¡Cabalguen ahora!
¡Cabalguen!

¡Cabalguen por la ruina
Y el fin del mundo!

¡Muerte, muerte, muerte!
¡Adelante Eorlingas!







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