jueves, 13 de febrero de 2014

RELATO DE UNA TARDE CON UNA BEBE EN EL CENTRO HISTÓRICO

(Todas las fotos fueron tomadas ese día por mi persona.) 

Les quiero compartir una historia de amor nada convencional y muy íntima. Cuando yo tenía seis años conocí a mi hermana pequeña. Nació y era una bebe tranquila y amorosa. A los ocho meses de nacida, una plaga de encefalits viral mermó a los recién nacidos y bebés menores de un año de edad en la ciudad de Guatemala. Conocí a un amigo en el colegio que su hermana no la sobrevivió. La mía, lo hizo a duras penas con secuelas de por vida: la mitad de su cerebro quedó inservible culpa de temperaturas superiores a los 44 grados.

Se convirtió entonces, en una bebe para siempre, nunca creció mentalmente y tiene 14 meses de edad - según el neurólogo - pero su desarrollo fisiológico es el de una persona de 32 años. Es una infante en un cuerpo de mujer. La fuente de la eterna juventud está en la tragedia y no en un lugar. Tarde lo descubrió Juan Ponce de León con una flecha envenenada en el hombro, muriendo en La Habana.

Ella ha sido un misterio para mí, no habla ni camina y me ha tocado cargarla de arriba a abajo, he aprendido a manipular el gran barco vacío de su cuerpo. Vacío de futuro, vacío de tristeza, de pena, de maldad, de derrotas, de fracasos, de éxitos como el mundo moderno lo define.

He aprendido que los ojos comunican en silencio y un balbuceo derrumba cualquier argumento. Ella me ha enseñado a encontrar el amor sin necesidad de la pasión arrebatadora y necia de la carne, ese vicio. Ella está atada a una cama de por vida y a lo que otros dispongan de su suerte. Me ha tocado espantarle los zancudos que le pican en verano, así de indefensa es; y cantarle canciones ridículas que sólo nosotros entendemos. Ha sido un gran misterio, les repito.


Y como tal, curioso que soy, he intentado de cualquier manera investigar, consultar, que es lo que pasa en su cerebro de eterna infante. Los neurólogos y psiquiatras me hablan de conceptos grises y puedo intuir que más que explicar, inventan. Decidí entonces encontrarle explicación a mis dudas en la literatura, decidí que esto únicamente lo explica la poesía.

No hay ciencia, sólo arte, cuando las preguntas de los hombres se inmiscuyen en callejones cerrados a la comprensión tautológica. Me desvelo pensando (inventando) lo que sucede en su cabecita risueña y de cabellos negros ensortijados, al punto que el poema que abre mi primer poemario escrito, está dedicado a ella. Se llama “las tumbas de mañana” y está en mi libro Breves conversaciones de la sicosis (Editorial Cultura, 2006).

No busco piedad ni compasión en esto que les cuento – no lo necesitamos -, pero sí quería compartirlo. Escribirlo es una deuda con ella y a esa pregunta sin respuesta que me acosa desde niño. Afortunadamente no le falta nada, porque tiene una familia amorosa y entregada a ella. La más pequeña, mi sobrina, le trata con amor; inclusive, la mascota - una Schnauzer - le saluda lamiéndole la mano. Y ella ríe.

Siempre ríe, su vida es la sonrisa. Su carcajada es una explosión inocente que me mantiene al hilo de los tiempos. Es cursi lo sé, pero como tal, es real. La levanto sobre mi hombro, la cargo a la camioneta especial para ella y salimos a pasear. La bajo al centro comercial y ella mira todo como nuevo a pesar que la semana pasada estuvimos allí. Y me la traje a zona 1.

Nos quedamos en el parqueo de la 6a. calle “A” y 11 calle. Bastante amplio para poder maniobrar a alguien de esas condiciones. La bajé y fuimos a Los Canelones a comer carne asada. Los comensales se desviven en ese momento por la semifinal de la Copa del Rey del Real Madrid contra el Atlético de Madrid.


Cuesta maniobrar a una persona impedida en un restaurante de pequeñas dimensiones cuando se encuentra abarrotado, y gracias al poder del futbol, no somos el foco de atención como regularmente sucede cuando salgo con ella. Las personas la miran como se mira a esas personas, como si fueran extraterrestres, o un striper negro en despedida de soltera del club de mujeres del Ku Klux Klan. A algunos les da curiosidad, a otros alegría, a otros asco. La naturaleza humana es una perinola.

Mientras traen la comida, yo le acaricio los cabellos crespos y negros como yo solía tenerlos. Sufre convulsiones por las noches y son tormentas negras que le hacen morderse los labios, los ojos desorbitados buscan algún asidero de este lado del mundo y lejos de los avernos que son las neuronas heridas para siempre por una fiebre de hace 32 años. Ella sufre y lo hacemos los que convivimos con ella, pero ahora no, su atención es otra: los ventiladores giran lentamente y ella mira el techo.


El Centro Histórico me gusta por intenso, por ser el crisol donde se funden muchas culturas y subculturas. Observo al metalero, al travesti, al policía, a la mesera, al indigente y al perro de la calle. Ella mira en el techo girar ventiladores lentamente y se ríe y un hilo de baba cristalina le cae por la comisura de la boca. Le limpio con una servilleta y descubro que una señora en la mesa opuesta, se sonríe. Le sonrío de vuelta.

Caminamos por la 11 calle y enfilamos al parque central. Caminamos lentamente, empujo la silla de ruedas que no es como tal, se parece a un carruaje para personas adultas. Para bebés grandes. Algo le molesta, seguro es nuevamente la cabeza del fémur dislocado en su cadera que no encaja. Toda una vida en cama tiene sus consecuencias: el ser humano está constituido para estar erguido, no acostado. Nuestros pulmones descansan sobre el diafragma y la gravedad hace su trabajo. Estamos bien.

Ella no, acostada como ha estado desde que llegó del hospital ese día de Enero de 1983, el peso de sus pulmones, la posición fetal en que siempre ha estado, le modificaron el cuerpo. El pecho se torció con todo y huesos para acomodarse a ese estilo de vida, la cadera se desvió para ajustar el peso de los muslos inservibles. Así como ella estaba en el vientre de mi madre, así sigue estando. Así estará.

Ya no flota en el protector líquido amniótico donde el universo es oscuro y tibio, acá su verdugo es 9.81 metros por segundos al cuadrado, hacia el centro de la tierra: la gravedad. La terrible gravedad que le modificó el cuerpo y le castiga con dolores en su arquitectura ósea.

Se queja de algo frente a la estatua de Tasso y le aflojo el corsé, el cinturón de velcro y la acomodo. El dolor se desvanece y vuelve a reír. Enfilamos al parque, ahora sí. Entramos al Pasaje Rubio para que vea el desplante de brillantina de las vitrinas de joyerías imposibles y llamativas. Yo me desvivo, miro Jesucristos en oro blanco y ojos de rubí, Guadalupes con manto de pedrería de esmeraldas, anillos de casamiento dignos de narcos o de nacos, cadenas preciosas y ridículas.

Trato que lo vea todo pero ella no, está embobada con ese piso de loza negra y amarilla, un ajedrez inverosímil y no puedo hacer nada para que vea otra cosa, caminamos y lo hago rápido, le gusta la velocidad, la llevo de cabo a rabo en ese pasaje con eco que repite esa risa que tanto conozco y que hace voltear tantas caras; miro sus ojos brillantes y vuelvo a preguntarme lo mismo que cuando yo tenía ocho años: ¿qué estará pensando?


A cada risa de mi hermana, un ciego que vende lotería se sonríe y mira con sus oídos refinados como nos divertimos en el piso perfecto de una construcción vieja y renovada. ¿Qué estará imaginando el vendedor de billetes ciego? Le compro un número entero para el sorteo de este domingo, no ganaré nada porque ese es mi sino, y me dice “me gusta la gente alegre, gracias por alegrarme la tarde”. Ríe y me muestra las encías donde se aferran con las últimas fuerzas, algunas piezas dentales. Este señor morirá, cuando bote el último diente. Lo sé.

Guardo el billete doblado en mi billetera y que sacaré algunos meses después cuando haga limpia de mi vida, cuando saque facturas de bares, teléfonos que nunca llamaré, tarjetas de crédito desgastadas y que mantienen vivo mi nombre en el sistema bancario. La única permanencia cuando uno muere.

Huele a marihuana frente al portal de comercio. Uno chicos muy a la moda esa de pantalones flojos a media nalga, gorras de visera recta y apenas puesta sobre la cabeza, rosarios, fuman mota. Me miran con mi hermana y hacen algún comentario y se me acerca el más grande de ellos, de camisa sin mangas tallada, muestra un prominente vientre y una hebilla que dice FUBU de metal barato, que proviene de alguna fundición china refundida en las afueras de Shangai donde los niños mueren envenenados de mercurio, de cuero de alguna talabartería de Chinautla donde los niños mueren de hambre; bofos brazos tatuados, tenis Adidas. 

Se me acerca y somos diferentes, yo visto el uniforme de trabajo, una camisa blanca de manga corta con los logos de la empresa. Son mi barrio, mis insignias, mis “bombas” esos logos industriales; pantalón de lona y botas de trabajo de punta de acero. Somos diferentes con el grandulón, ambos lo sabemos y se acerca grandote, dando pasos de montaña.


Sin decir nada, me ayuda a cargar la silla, la subimos en la grada del parque y me estira el puño para que le salude. Los chocamos y mueve la cabeza en señal de consentimiento, de solidaridad o algo así. Camina satisfecho el chico, el enorme muchacho de ojos rojos y oloroso a cannabis, le da la mano a otro en el grupo y comentan algo. Una chica en el grupo le da un abrazo. Talvez más tarde asalte a alguien o entre a trabajar al call center, o vaya a la nocturna, o lo maten. El cielo, compadre, va en usted home boy, hommie de la humanidad, hermano.

Quiero que mi hermana mire el Palacio Nacional de la Cultura, la gran Catedral Metropolitana que realmente no es tan grande, el edificio del centro grande como una blasfemia pero mis esfuerzos nuevamente por los suelos. Ella está riendo y se me olvidaba pensar simple: mira a las palomas caminar entre nosotros. Las aves acostumbradas al alimento fácil, se acercan a los humanos para ser alimentadas. Corre un niño y vuelan somatando las alas contra los costados. Ese sonido hace estallar nuevamente la risa de mi hermana.

Pasamos un buen rato sentados en el parque, mirando nada más. Se toma una rosa de Jamaica de un sorbo largo y se le enfría la frente con ese dolor tan particular del exceso. Ojos llorosos y sonrisa de queja, le limpio las babas y le sobo la cabeza y le canto y recuerdo mi vida en el Centro Histórico.

Yo también conozco de excesos, nos parecemos con mi hermana, somos sangre, la misma. A mí me ha dolido la vida por tomarla de un sorbo y fría, me he empinado botellas de llamas. El hielo del licor, vaya fuego que refresca a los que somos condenados. El resultado es el mismo, una sonrisa quejumbrosa y dolor de cabeza. Caminamos de regreso a la camioneta y más tarde la estaré acostando en su cama, su otro cuerpo. Nos vamos siguiendo al sol.

Este es el poema que le escribí a mi hermana. Yo la cargo a ella y ella va en mí.

las tumbas de mañana

sostengo en una mano la violencia y en la otra un vaso
intenten ustedes pasearse por el mundo en esa condición
por eso no puedo hacer cosas llenas de gracia
como reírme con las pláticas triviales y sus transeúntes
realizar genuflexiones frente a dios y las mujeres
las mujeres que me persiguen para descuartizarme el pecho
no
intenten ustedes vivir en este raro odio que tengo por todo
o mi religión por el vaso y su perenne trago
o la bacanal de la violencia, el nunca estarse quieta en mi mano,
o la risa de mi hermana que sale brincando las paredes
cuando no puede moverse de la mordaza de la cama
al escucharla las aves vuelan y ella se con ellas
vuela mi linda, ríe preciosa

25 comentarios:

Prado dijo...

Es hermoso. Un abrazo inmenso.

Anónimo dijo...

No puede saber cuanto lloro,es un relato puro,es su amor por ella...Me encontré en cada palabra y no puedo mas que enviarle un abrazo al alma,que no es suficiente pero es lo que me nace darle...Mi respeto a usted.

Wiliam Ajanel dijo...

Soy de esos hombres rústicos y duros, que se quiebran con la forma más sencilla de las muestras de afecto y verdadero amor.

Mis respetos para ustedes, que han aprendido a cargarse el uno al otro.

Saludos.

Blanquita dijo...

un amor así, en un millón. Su hermana sólo conoce el amor. Espero que eso baste para ella. ;-)

Sergio López dijo...

Simplemente Hermoso, contuve las lagrimas hasta el final, no pude evitarlo! algo que siempre me he preguntado, el porque de haber perdido a mi hermanito, de tan solo 8 meses, las fechas coiciden, hasta hoy me doy cuenta que mi hermano no pudo sobrevivir a esa enfermedad, un abrazo amigo!

Juan Pablo Dardón dijo...

JULIO: gracias compadre :)

ANÓNIMO: un abrazo de vuelta.

WILLIAM: la coraza siempre deja el corazón vulnerable amigo, saludos!

BLANQUITA: sobra y basta, es un ángel la beba.

SERGIO: qué te diré amigo, qué te diré. Un abrazo de vuelta, hay que devolver ese amor al mundo.

Anónimo dijo...

Hermoso.

Alvaro S.

Juan Pablo Dardón dijo...

Abrazo mi Sánchez :)

Anónimo dijo...

(Barba sexy :O :O me caso!!!!!)

Anónimo dijo...

Que hermoso. Ternura es toda ella jeje. Linda la foto del final. Un abrazo. ¡saludos! Lucía León.

Anónimo dijo...

Me dejó perplejo. Cuánto amor tiene usted para dar. Que bueno que nos remueva el alma con su testimonio hecho arte para enseñarnos lo maravilloso que puede ser este paso por la vida. Gracias por su ejemplo. Usted es un ciudadano ejemplar y su nobleza ilumina el mundo.

Cesar Galindo Arandi

Juan lemus h. dijo...

Gracias. Muchas gracias.

Cynthia Quevedo dijo...

Juan Pablo... sos grande!!!
Grande porque sos un hermano fantástico con un angel como tu hermana!! Ojala y tuviéramos en esta Tierra mas gente como tu con sentimientos genuinos hacia su familia y a lo que piensa y cree!!
Dios te bendiga a ti y a tu hermanita linda!!
Te sigo y te leo desde ya!!!

Leonel Montenegro dijo...

Ni siquiera te conozco, pero realmente, me ha tocado vivir de cerca una enfermedad mas de lo que pensé, y se de lo que hablo... Mi admiración para un ser humano como vos, pero el doble de admiración para tu hermana que dia a dia sigue luchando por vivir

Juan Pablo Dardón dijo...

ANÓNIMO: demasiado tarde, ya encontré el amor ;)

LUCÍA L.: gracias por tu lectura y comentario amiga, un abrazo pa ti.

CESAR: pues no sé lo de ejemplar, pero al menos algo se me mueve aun por dentro, saludos y gracias por la visita!

JUAN: a vos por la visita y la lectura.

CYNTHIA: gracias por los buenos deseos y por tomarte el tiempo de escribir, saludos!

LEONEL: mi solidaridad con tu persona, ojalá la Providencia te otorgue una luz. Un abrazo.

Cachorro dijo...

Brother, que te puedo decir... Sos Grande... ya lo sabia... pero esto, simplemente lo confirma... un abrazo maestro!

José Joaquín dijo...

Un gran texto, sin duda. Sí, hay cosas que sólo pueden hallar alguna respuesta en el arte. Saludos.

Andrea Miron dijo...

Ahhh cómo he llorado leyendo esto, vi reflejado a mi hermanito en tu hermanita, él ahora tiene 29 años. Quisiera yo creer que me parezco un poco a ti. Lo adoro!
Nunca he sido buena con las palabras, así que gracias por escribir eso. Gracias desde el fondo de mi corazón.

Anónimo dijo...

Lamento lo tarde que llegó a mi vida la empatía... Gracias por ayudarme a madurar (J.R.)

la-filistea dijo...

Te agradezco infinitamente, no sabés cuánto, este texto que en sí es todo un poema.

Gracias.

Silvia dijo...

Por ahí leí que "llorar no es otra cosa que el ejercicio del corazón cuando es tocado, algunas veces sacudido, por el amor"; y su texto lo desborda.
Mi corazón ha hecho ejercicio hoy.
Saludos!

Mayra dijo...

La 'beba' conoce el exterior pues le has mostrado el mundo a través de tus ojos y ella, a través de los suyos te ha mostrado la riqueza del mundo interior con pausas y silencios abrigadas por su sonrisa que lo ilumina todo. Un cálido abrazo Juan Pablo.

Juan Pablo Dardón dijo...

CACHORRO: gracias maestro por tu comentario.

JOSÉ JOAQUÍN: muchas gracias colega.

ANDREA: ánimo, es un viaje tortuoso pero hermoso. Un abrazo.

J.R. un abrazo.

FILIS: gracias a ti por tu visita y la lectura :)

SILVIA: llorar es una catarsis y me alegro que lo hagas, libera. Abrazo.

MAYRA: otro para ti, amiga. Saludos!

jorgecab dijo...

No recuerdo cuando fue la última vez que "sentí" tanto con un texto. Hubo un momento en el que dejé de leer las palabras y miraba directamente a 2 hermanos siendo eso, hermanos, y sin que dijeran nada podía escuchar todo lo que contabas.

Sigo desde hace tiempo lo que escribís y creo que lo que me cautiva de estos textos es que no es que "escribás bien", es que "sentís lo que escribís".

Gracias vos, son estas inyecciones las que hacen que uno siga creyendo en que esto sigue mereciendo la pena, porque lo que sentís vos por esa bebé y ella por vos es por lo que merece la pena vivir.

Juan Pablo Dardón dijo...

Gracias Jorge por tu visita y comentario. Me alegra que te gusten mis textos y pues bueno, a seguir haciéndolos. Entre tanto cinismo, crueldad y desarraigo, esos sentimientos los que logran mantenernos en el mundo centrados. Esas personas se convierten en anclas para la coherencia. Un abrazo.