miércoles, 5 de junio de 2013

LA VIDA DESPUÉS DEL SOL: JULIETA


Lo primero que hizo fue bajar la butaca a ras de suelo, sucede que la chica es de muy baja estatura y yo alto, por lo tanto, no llegaba a podarme la cabeza con sus manos blancas, unas manos minúsculas que malabareaban las tijeras magistralmente.

Hablamos de inicio a fin mientras me atendió, es un muchacha de muy buena educación y modales, corta el pelo porque fue la salida de su pueblo natal, Tecpán, donde estaba destinada a seguir la larga tradición de hacer tortillas a diario hasta que se muriera y dejara la descendencia para el mismo destino: o la tortillería o el campo, para hijas e hijos, respectivamente.

“Supongo que tiene que salir muy temprano”, le inquiero, “pues más de lo normal no, en mi casa nos levantamos siempre antes que salga el sol”, y yo me avergüenzo un poco porque a mí me cuesta despegarme de la cama a las ocho de la mañana.

Le sigo preguntando y me explica su ritual de noche: “Salgo de acá y camino hacia la carretera Interamericana donde espero el bus, a veces llueve y a veces no, me mojo y la gente también, subimos a la camioneta que huele a gente mojada porque la mayoría que lo tomamos somos trabajadores que andamos empapados en invierno”.

“Llego a mi casa caminando y ayudo a mi mamá con la cena, le doy de comer a mis hermanos y lavo platos, luego la ropa hasta las diez u once, rezamos con mi mamá y luego me voy a dormir en el cuarto donde estamos tres de mis hermanas y yo”.

“Le doy buenas noches a mi papá que no me habla desde que dejé la casa para estudiar para estilista, pero como es mi papá, le debo respeto y le cuento mi día antes de dormir. No me habla pero sí me escucha y me aconseja a través de mi mamá.”

Esa es la noche de Julieta, le digo que se llama como la famosa enamorada de la obra de Shakespeare y que una tierna canción de Fernando Delgadillo tiene su nombre. Al contrario, ella me dice que de elegir, preferiría la vida de la cantante Julieta Venegas.

Es muy amable y le dejo una propina. “Que le sirva para ayudarse a comprar un abrigo impermeable”, le digo. “No, a mí me gusta el agua, me gusta la lluvia, yo fui sirena o milpa en mi otra vida. Hoy mejor les llevo pizza a mi familia”. Chau Julieta, adiós señor.

6 comentarios:

Mayra dijo...

Un relato muy enternecedor, sobre todo por el hecho que, podría tener un común denominador para todos aquellos que no importa dónde de nuestra Guatemala se encuentren, aún tienen sueños y buscan hacerlos realidad. A mí también me encanta la lluvia!

Juan Pablo Dardón dijo...

Saludos Mayra, gracias por la visita y el comentario :) La lluvia no es solamente un fenómeno natural, sino un estado mental: la continuidad y la vida. Al mismo tiempo, puede ser la muerte y la nostalgia. Saludos y bienvenida.

Mayra Figueroa de Quevedo dijo...

Por cierto que sí, Juan Pablo por ello me 'gusta la lluvia' tiene un all inclusive, agregaría intensa y calma pero así como te puede ahogar puedes surgir de ella y fluir. Saludos!

Anónimo dijo...

MAYBE I CAN SEE, YEAH,
BUT DON´T YOU KNOW THE COLD AND WIND AND RAIN DON´T KNOW
THEY ONLY SEEM TO COME AND GO, AWAY.

http://youtu.be/maTP315XZCQ

Anónimo dijo...

Yo también pensé en la canción de Delgadillo pero este personaje es de otro nivel! genial historia Juan Pablo!

Juan Pablo Dardón dijo...

Cierto Mayra, el agua es una figura liberadora, de creación y destrucción. La mar.

Saludos anónimos.