martes, 27 de agosto de 2013

LOS BARES VACÍOS


En las secciones de farándula y entretenimiento de los medios de comunicación se habla siempre de los lugares de moda, los abarrotados, los famosos, los llenos completos, los avant garde, los que visitan nuestros músicos que salen con cara de niños tímidos en colegio nuevo.

Esos antros, bares y restaurantes son la panacea y la asistencia está asegurada. Ganancias y fama quedan plasmadas en las páginas de los medios gracias a sus recomendaciones. Sudor y peinados deshechos en el ir y venir de los cubetazos y botellas.

Hay otros que se contraponen a ellos, que son contrarios a ese concepto de vida nocturna. Me recordé de ellos el sábado mientras transitaba las zonas 10 y 1. Son los otros antros, los del otro lado del espectro, porque cada luz, produce sombra y allí se está más cómodo. En los que al contrario de rebozar multitudes, las sillas se encuentran ordenadas en su lugar y los meseros dormitan en las columnas esperando algún indicio de actividad.

Pueden ser restaurantes, cafeterías, cantinas, barcitos y que ahora yacen condenados a la muerte lenta, porque se van añejando en sus pasadas glorias. Ya ver un cuadro que evoca a la década de 1980, supone un melanoma que crece y empieza a llenar –valga la fácil licencia poética– de vacío y soledad, dicho lugar.

Los amo. Amo esa quietud y el buen trato del personal, que sintiendo el aroma del cierre del local, atienden desviviéndose por esa alma perdida que llega a ocupar un lugar demasiado pequeño para un local demasiado grande. Pero allí se consiguen los mejores cortes de carne, prontitud,y calidad. Se ofrece un trato estilo ¿Dónde te pongo rey que no te pegue el sol?

Ir a pelear por conocer un lugar nuevo me da prurito. Odio los lugares nuevos, son petulantes, mal servicio y precios exorbitantes; prefiero, eso sí, los bares y restaurantes que se van apagando paulatinamente como grandes estrellas rojas que más que brillar, calientan y reconfortan mundos fríos y distantes como yo. Los nictálopes veteranos conformamos sistemas solitarios de planetas que orbitan lento y eventualmente, se intersectan y saludan entre ellos.

Y eso se agradece porque un local que refugie a los usuarios de la noche, debe tener ese carisma y sabiduría de lograr mantener una pequeña pero constante clientela que se vuelve consuetudinaria. Entonces más que negocio, esos antros se convierten en filosofía. Colegios de creación y esparcimiento que poco tiene que ver con la algarabía pueril de la discoteca.

Talvez por una adicción al cuadro Nighthawks de Edward Hopper, donde acontece una noche serena y solitaria en un diner de Nueva York, logro sentir el saudade nocturno. Sentarme entonces, en bares silentes y con música vieja, me traslada a ser un personaje, más que un observador. A mí que tanto me gusta ver, me dejo consumir por el tedio y me ahogo en esa gravedad. Existo sin crítica.

Talvez mi esperanza es que alguien me retrate así: un mueble más de la cotidianidad nocturna. Aborrecer el hogar y salir a encontrarlo en una silla distinta, vacía esperando un peso, "la levedad del ser" que decía Kundera, quien en su novela La Lentitud, explica esa muerte que nace como un moho en el cuero y deja manchas y huele, como huele el abandono.

Tan buenos amigos que pudieron haber sido Kundera y Hopper, en un bar vacío como este del centro, con una bandera confederada. Suena para siempre el jazz y el rock. Allí está la noche y las sillas vacías escuchan atentas y para siempre. Salud, tráigame otra y el cambio es su propia.

4 comentarios:

Mayra dijo...

Soy ave nocturna, me gusta la nocturnidad y me encanta cuando te leo y narras a todos esos personajes que observas atento en y que aparecen sólo por la noche. Nunca tuve la experiencia de pasar de bar en bar...Mi vida se va acabar como dice la canción, cero experiencia al respecto, tampoco hubo salidas a restaurantes o recorridos a los 'lugares' nuevos o a los que pasaron de moda, no sé si ha sido bueno o malo pero ha sido una elección, al menos eso...
Raro no? Extraño leerte en este espacio tuyo, espero que el moho no te cubra y que aún estés a tiempo de quitarlo, desmanchar la piel.

Juan Pablo Dardón dijo...

Hola Mayra, pues siempre es un gusto encontrar tus mensajes. Las experiencias de noche se acoplan a los intereses de cada uno de los nictálopes. Por ejemplo no miro a Borges de correrías con Bukowski, pero su académica forma de ser retrata esa parte del día - vaya contradicción - de una forma sorprendente. Sumado a que vivió mucha de parte de su vida como académico, ciego. Por lo tanto, no es necesario tener experiencias de bar en bar para sentirse un ave nocturna per sé. Saludos!

Mayra dijo...

Cierto, suficiente con la imaginación para recrear lo deseado realizando las retorcidas modificaciones del caso. Saludos Juan Pablo!

oscar escobedo dijo...

Más allá de la experiencia del autor y las imágenes que esta entrada pueda recrear en los lectores, puede tomarse su contenido como un consejo, para animarse a conocer los acojedores rincones filosóficamente urbanos, de los cuales algunos no conocemos nada en absoluto, pero es mi opinión que nunca es tarde para hacer algo. Gracias J.P.