martes, 6 de agosto de 2013

CHAU, PANCHORIZO

(Imagen robada de la página de Pancho Toralla).

Río como desquiciado cada vez que lo veo en escena. Realmente no es desquicio, sino alegría sana, pura, inocente. Este payaso –que además, hace malabares, acrobacias, contorsionismo y stand up comedy, es contador de historias y tiene talento musical– posee la capacidad de viajar en el tiempo: le hace a uno retroceder muchos años hasta convertirlo en niño nuevamente.

Se dedicó a las artes escénicas para beneficio de todos nosotros que disfrutamos de la soltura con que se desenvuelve sobre las tablas. El domingo pasado que lo vi en el cierre de actividades de la Feria Internacional del Libro en Guatemala, avisó que se va de Guatemala.

La gente acostumbrada a sus chanzas se carcajeó pensando que era una broma parte del espectáculo. Pero no, efectivamente este artista deja su patria junto con su familia para irse a buscar un mejor futuro al extranjero. Es un migrante más, un ciudadano guatemalteco que deja este pedazo para probar suerte en la carretera.

Literalmente, porque me explicaban que una vez terminado el concurrido show, vendió todo para irse. ¿Qué es todo? Todo, casa, carro, sueldos, puntos, muebles, y se quedó con lo esencial para la carretera. Lo metió todo dentro de un bus y, el norte, allá te voy.

Su mensaje de paz, armonía y por un mundo mejor cala hondo y conmueve. Al menos así sucede conmigo, por ejemplo esta joya: "El agua debería ser gratis porque está sobre la superficie de la tierra y todos estamos acá, compartiéndola. Al igual que la tierra y las fronteras, debería de ser gratis. No se le niega un vaso de agua a nadie, ni la permanencia acá. Y no soy comunista, soy monociclista", se sube efectivamente al monociclo y los niños ríen y algunos adultos fruncen el ceño. Pero el mensaje, como una semilla, está sembrado.

Me puse a reflexionar un poco acerca de la migración de este talento y cómo, como país, no contamos con las condiciones, con el público y la disposición de un aparato cultural sólido que garantice la vida digna del artista nacional. Mucho pedir, cuando todos la sufrimos a diario sin saber si vamos a volver a casa.

Escribo esto y la portada de la Prensa Libre me muestra a dos bailarines de ballet ensayando bajo un techo derrumbado. Es política de Estado el abandono a sus seres más sensibles y que le propician el alma a este país mancillado por sus gobernantes y dueños por saqueo.

Tengo una sensación rara, como de haber fallado, como de estar haciendo mal las cosas, que nos estamos marchitando. ¿Les sucede a ustedes también o estoy solo en esto?

(Feliz viaje, amigo, aquí te esperamos de regreso y te deseo lo mejor en tu aventura. Que la providencia te provea de trabajo, seguridad y aventura de la buena. Hasta pronto, mago de la risa, viajero del tiempo. Un sincero abrazo :)

5 comentarios:

valenzoo dijo...

que triste, un tren del que todos se quieren bajar, hay que seguir haciendo la lucha

Mayra dijo...

Realmente cuando un talento sale de nuestro territorio, el mundo gana y nosotros perdemos algo que, ese talento se llevó consigo para ser felices a esos otros...Los mejores deseos y buena vibra que regrese algún día para hacernos reir. Salú!

Juan Pablo Dardón dijo...

VALENZOO: Triste para los que se quedan, alegre para los que se van, y mejor aun si es en busca de un mejor futuro. Saludos y gracias por la visita.

MAYRA: Exactamente amiga. Un abrazo.

Mayra dijo...

Un abrazo igualmente, me gusta lo de 'amiga' gracias!

oscar escobedo dijo...

Tristemente, si no es por necesidad es por la ilusión de encontrar o desear experimentar otra frontera donde el arte no tenga fronteras ... Nuestra triste realidad.