martes, 16 de julio de 2013

LA VIDA DESPUÉS DEL SOL: KARINA

La había visto muchas veces por las noches, como siempre, activa, llevando y trayendo viandas. Lavando trastes, sirviendo hielo, destapando botellas de mineral; una orden y a cumplirla porque hay que hacerles caso a los señores de la casa y atender bien a los invitados.

Ya perdí la cuenta de las veces que la he visto con su menuda figura batallando en el perfumado ambiente nocturno de nosotros, visitantes asiduos de la casa, fiesteros de la noche, bullanguero de café a las tres de la madrugada.

Allí está "la Karina", la cosificación de la persona, pero siempre bien querida; al menos es lo que aparenta. En lo personal, le tengo aprecio, me gusta su sonrisa plena y me hace pensar cómo alguien puede ser tan feliz así por así. Es un misterio su amabilidad y su origen.

Si quiere un pan con algo, ya sabe a quien solicitarlo; ¿alguna sopa para disminuir el sopor del licor? Karina sobre la estufa picando cosas, mezclando allá, condimentando acá y ¡presto!, Sopa contra la borrachera.

Es el apoyo perfecto de la velada; todos pueden desentenderse de los oficios frente al vivaracho y dilecto accionar de la chica que se mueve como pez en el agua por las noches que la he visto. Sin ella esas fiestas serían un fracaso.

La otra vez yo buscaba una hielera de mesa porque hacía falta en la faena, y me metí en la cocina a explorar gabinetes; la tele de la cocina transmitía The Wall y me quedé observando el marchar de los martillos en esa potente e inmaculada animación, cuando aparece Karina y - un poco avergonzada - trata de explicar el por qué estaba viendo esa película. 

“¿Le gusta?”, le pregunto. “No entiendo mucho pero no hay nada en otros canales”, explica, y miente, porque es el DVD el que funciona. Le digo que ese disco es genial y que la música es el eje central de la película.

Ya más en confianza al ver que hablamos el mismo idioma, comenta que siempre le ha gustado el rock pero que “esa música es un rock diferente, nada que ver con los Héroes del Silencio o Viernes Verde”, se sonríe. Conoce sus grupos la chica. 

Le hablo entonces sobre Pink Floyd y le ofrezco un disco con su música. Me prepara un pan con pierna horneada y regreso a la batalla social con la hielera encopetada. 

Afuera el reggaetón sacude el ambiente y los cuerpos.

El fin de semana pasado regresamos a la casona de las grandes fiestas y excesos. Le di su disco a Karina, le sugerí que lo escuche en sus noches, antes de dormir. Ya puedo verla volando a la par de David Gilmour mientras canta Learning to Fly. A la próxima le llevo Megadeth.

4 comentarios:

Sara Ortíz De Gómez dijo...

Y mientras canta, piensa en el colochon que le dio el disco, flirtatious man!

Mayra dijo...

Lo que realmente es interesante. es la sorpresa de enterarte que además de expresarse feliz dentro de un antro, la dama pueda tener gustos comparables a los de uno, en efecto pueda hasta enamorar.

Cabrónidas dijo...

Si le llevas MEGADETH, que sea el "peace sells..." o el "rust in peace".

oscar escobedo dijo...

Existen quienes opinan que en la variedad está el gusto, yo opinaría que el verdadero gusto está en la tolerancia, la apreciación y el abierto pensamiento, buena parte de esto lo encontramos en la música rock y en dulces personas como la descrita "Karina". Ha sido un relato corto sumamente conmovedor. Antes de llegarle con megadeth (lo cual ha sido muy gracioso), recomendaría llegarle con algo de hard rock estilo led zeppelin, Wishbone Ash, o similares, hasta caerle de lleno al metal...y si vamos al metal le vendría bien probar con metal sinfónico, estilo therion, haggard, épica...pero es un proceso. Yo puedo facilitarte esa música, en caso de ser procedente, me gustaría mucho.