martes, 31 de marzo de 2009

EL SIGNIFICADO DE NUESTROS NOMBRES

Empecé a escribir un poema que llevaba ese título pero pronto se desvirtuó hacia una reflexión sobre nuestros hombros de gigantes. Nuestros hombros de gigantes son todos aquellos nombres en los que nos hemos parado para devenir en los seres que somos. Me pongo de ejemplo porque soy lo más cercano que conozco.

- El nombre de mis padres
- El nombre de mis familiares
- El nombre de todos los médicos que me examinaron de bebé, desnudo y sobre una balanza con papel craft.
- El nombre de los maquileros que me vistieron con las prendas de niño.
- Las chicas que hacían oficio en la espaciosa casa de la zona 11.
- Las maestras de la primaria.
- Los maestros de la secundaria.
- El que inventó la máquina pegadora de libros donde leí sobre Ruy Díaz de Vivar.
- Hugh Hefner y Larry Flint.
- Beethoven.
- Los escritores que he leído y los editores que han tenido a bien publicarlos.
- Actores, directores de cine.
- Guitarristas fabulosos, cantantes impresionantes.
- James T. Russell inventor del CD.
- Newton, Einstein.
- Mis talentosos amigos y amigas.

Es un ejemplo nada más. No se puede tomar completo el gnosos de nuestros héroes. Solamente algunos esfuerzos. Ciertos conocimientos que se fueron construyendo para hacernos un parangón para ver más lejos. Es decir, de Miguel Ángel Asturias, me quedo con su narrativa. Odio su maldito teatro y la mugre poesía que hizo.

Si sumo todo eso, el tiempo que le he dedicado a leer sus novelas y cuentos, ¿Me darán qué... unas 300 horas? Sin contar el tiempo que se entregó a escribirlas que seguramente es mucho más, digamos el cuadruple, 1200. Más unas 200 horas de imprenta, suma un total de 1700 horas. O sea, 71 días. He invertido casi dos meses y medio de mis 33 años, dedicado a leer a este escritor que no es del todo de mi agrado.

Y así con el cine de Bertolucci. La música de The Doors. Las revistas pornográficas. El programa Con Buena Onda. MTV. Juan Carlos Onetti. Jaime Sabines. La Biblia. Facebook. Mirar el mar desde una mecedora construida por el dueño de la casa, que es casi como ver cuando una mujer se duerme desnuda y las olas que se le dibujan en el cuerpo.

El ser humano se define con el tiempo y los hilos de pensamiento que se tejen en la hamaca en que contemplamos todo. Somos millones de segundos.

4 comentarios:

Miss Trudy dijo...

Me encanta. Somos millones de segundos y todos vamos al mar y a la nada. Un abrazo, poeta.

Lester Oliveros dijo...

...por fin dejaste por un lado la pistola..., gracias.

Julio Serrano dijo...

Sí, a veces pienso que las cosas existen cuando se nombran, que somos cuando nos llamamos, cuando reconocemos en el otro un algo que lo hace juan, marcela, brenda o julio, da igual, ese pronunciar y hacer esa unión de puntos entre nombres es un ejercicio básicamente de ternura, pronunciar el nombre de alguien, solo por pronunciarlo es una forma extraña de abrazarlo... llega pues Juan Pablo

Súa Agapé dijo...

Holap!

Te mande algo por correo!

un abrazo!

saludos :)